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Pinceladas en Pla de Bages

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La comarca del Bages, en la provincia de Barcelona, es una de las zonas con mayor patrimonio arqueológico vitícola de nuestro país. Barracas, tinas y un buen catálogo de variedades autóctonas forman parte de la identidad de una zona que goza de pleno entendimiento entre sus elaboradores y viticultores. Algunos de ellos plasman en sus lienzos las pinceladas de su esencias.

La comarca de Pla de Bages está ubicada en la Cataluña de interior, rodeada de accidentes montañosos, entre los que destaca la majestuosa pared de piedra de Montserrat. En 1995 nació como Denominación de Origen, aunque los vestigios encontrados de siglos atrás confirman que tiene una larga historia como elaboradora de vinos. De pequeñas dimensiones, pero de gran patrimonio vitícola y de una prometedora proyección en un mercado global saturado de nuevas referencias, al recorrer sus viñedos y masías viajamos a un tiempo en el que el vino se elaboraba en el propio majuelo en unas construcciones llamadas tinas debido a que en el monte no era fácil llevar la uva a la masía. De esta forma, era el vino el que se transportaba, disminuyendo así el volumen de la mercancía. Hoy se pueden ver salpicadas por toda la zona, gracias, en parte, al afán de la propia D.O. por recuperar la memoria histórica vitivinícola de la comarca.

Un lienzo en blanco es una oportunidad para expresar los sentimientos del que lo pinta y mostrar al mundo un proyecto lleno de trabajo, ilusión, esfuerzo y de muchas horas esperando a que llegue esa inspiración que guíe al artista hacia lo que quiere plasmar. Eso es Pla de Bages, una tela en blanco sobre la que se ha ido gestando una obra comenzada hace varios siglos y que, desde hace unas pocas décadas, un puñado de artistas -o más bien artesanos de la viña- ha retomado con respeto a sus antepasados y con altura de miras hacia el futuro.

La recuperación del viñedo autóctono es fundamental para comenzar a desempolvar los cimientos sobre los que se asentaba una de las actividades comerciales con más esplendor de toda Cataluña. Tanto es así que en un momento de su historia llegó a tener más hectáreas de viñedo plantadas que la vecina Penedès. Al charlar con Ramón Roqueta, director general de Abadal e hijo de Valentí Roqueta -el ideólogo del proyecto allá por el 1983-, nos transmite un gran aplomo y serenidad a la hora de explicarnos el futuro de esta emergente zona. Según él, tres son los puntos fundamentales sobre los que el Bages define su estrategia de éxito.

 En primer lugar, la diversidad cualitativa en el universo del vino, para lo que la situación geográfica es fundamental. La influencia de los Pirineos matiza un clima mediterráneo que hace que la vendimia se retrase 15 días con respecto a otras zonas cercanas, lo que favorece el contraste térmico entre el día y la noche y por lo tanto se producen vinos de mayor frescura que corresponden a la demanda de esta actual tendencia.

En segundo lugar, el rescate de variedades autóctonas como la blanca Picapoll, que se ha hecho con la plaza de honor de la variedad reina de la zona, aunque existen otras como las tintas Sumoll y Mandó que forman parte del tesoro varietal de esta tierra.

Por último, el rescate y preservación del incalculable patrimonio vitícola que se conserva en la región: tinas de fermentación dentro del bosque con cepas centenarias alrededor, o bien perforadas en la roca, barracas de piedra seca para guardar los aperos de labranza y resguardarse de las inclemencias del clima… Dar a conocer este auténtico tesoro es poner en valor la historia y las raices de la tierra.

El primer monovarietal de la blanca Picapoll fue puesto en el mercado por Abadal y a partir de ahí se ha ido trabajando para rescatar otras variedades de la comarca que se fueron perdiendo con el paso de los años. Ramón nos explica las cualidades de una uva como la Mandó que, aunque de momento se incorpora en ensamblajes con otras variedades, ya se está estudiando su estabilidad y continuidad en las añadas para poder llegar a lanzar un monovarietal. Es una uva que enriquece el conjunto con matices florales muy delicados y con una acidez fina y bien dispuesta. Sin duda, un valor seguro hoy en día debido a la tendencia hacia vinos más verticales, directos y elegantes.

 

El respeto por lo autóctono

Poner en valor lo autóctono está de moda, pero para que esto tenga éxito en el tiempo, lo autóctono hay que conocerlo y hay que saber trabajar para mostrar con fidelidad lo que un día fue una realidad que hoy se quiere volver a disfrutar. Para esto, quién mejor que Josep Maria Claret, de Celler el Molí. Pertenece a la cuarta generación de una familia de viticultores que ha mamado los conocimientos de sus antepasados basados en el respeto al medio hasta que en 2006 y tras varias pruebas de vinificación con las que se dieron cuenta de que la calidad de los vinos que daban era más que aceptable se decidieron a construir su propia bodega. En la actualidad tienen unas 17,5 hectáreas de viñedo propio con un amplio repertorio de variedades: Macabeo, Picapoll, Mandó, Sumoll, Cabernet Sauvignon y Franc, Merlot y Ull de Llebre (Tempranillo) y algo de Garnacha Tinta. En la línea de los tintos trabajan con crianzas de 12 y 18 meses en barrica con dos años de afinamiento en botella.

¿Otra muestra del rescate de lo ancestral? Los experimentos que Josep Maria está realizando con elaboraciones en ánforas. En su tercer año de pruebas se están viendo resultados interesantes, con lo cual cada vez está más cerca un posible lanzamiento de una línea de vinos de ánfora. Trabajo minucioso y de gran mérito. La idea de que un Macabeo haya sido fermentado en ánforas de arcilla de 140 litros, con doble aportación de lías, causa asombro y unas ganas enormes de poder catar el resultado. Complejidad y untosidad a raudales. Conocimiento y pericia también. Estas no son las únicas pruebas que están haciendo, pero os invito a que seais vosotros, los lectores, los que investiguéis en ese maravilloso mundo del Bages. Un Bages que con sus 550 hectáreas de viñedo aspira a tener una presencia notable en el mercado, alejado de grandes cantidades, pero tenido en cuenta por su calidad y diferenciación. Jordi Vilaseca de Celler Més Que Paraules no duda de que el gran activo de la zona es la unión que existe entre los productores en cuanto a tener muy claro cuáles son los pasos a seguir para conseguir hacer ruido entre el público. Poseen un discurso común cuya bandera es la singularidad de la zona por su clima, suelo, variedades y tradición. Considera que mantienen un posicionamiento sosegado en el mercado sin presiones internas y con la seguridad de que el público apostará por sus productos debido a que tienen la capacidad de escuchar y reaccionar ante sus necesidades. Cuando catamos una de sus referencias lo primero que nos llama la atención es su etiqueta, ganadora de premios en concursos gráficos, en la que aparece la expresión Més que Paraules (más que palabras) traducida a incontables idiomas, lo que expresa la internacionalización de un lema que bien podría tratarse del propio lema de la comarca. No basta con contarlo, hay que vivirlo in situ y, si no se puede, por lo menos degustar una botella que haga de embajadora de la tierra que le ha visto nacer allá donde sea descorchada. Més que Paraules es un proyecto que nació en otras manos, que fueron pasto de la quiebra financiera y que en 2010 Jordi rescató con un gran espíritu de entrega para sacar lo mejor de esas 20 hectáreas de viñedo propio de unos 18 años de edad.

 

El cuidado de la tierra

No hace falta hacer un gran ejercicio de imaginación para zambullirnos en la historia y aventuras vividas en el castillo del siglo X propiedad de la familia Margenat y heredera directa del los Oller de Manresa. Se nos muestra imponente como centro de operaciones de la actual finca de 600 hetáreas que tiene a su alrededor y que está dedicada a diversas actividades: viñedo, olivos, nogales y cereal. Esta importante familia de la comarca del Bages ha estado muy vinculada a la historia de Cataluña. En la actualidad, el proyecto empresarial Oller del Más quiere ofrecer, entre otros productos, unos vinos de auténtico sabor a partir de una materia prima de buena calidad y una tecnología desarrollada para mantener ese nivel en el producto final. Aceite, enoturismo, celebraciones y golf son otras de las opciones que se pueden encontrar en este cuidado proyecto. Gerard Aloy, delegado comercial, enmarca en nuestro lienzo todo el conocimiento que encierra una copa de vino. Después de varias decenas de generaciones, como si de una cata se tratara, diríamos que el vino que elaboran es amplio en tradición, de carácter domado por el tiempo y muy concentrado en sabiduría, con un final largo y con mucha vida por delante.

Cincuenta son las hectáreas dedicadas al viñedo en las que conviven variedades autóctonas y foráneas trabajadas bajo protocolos de agricultura ecológica certificada y con una obsesión que marca la línea de trabajo en campo y en bodega: la calidad de la materia prima y su conservación hasta el final.

Esta es una tierra que se muestra muy agradecida por el cuidado que recibe de sus viticultores y este trato respetuoso y adecuado para la viña se ve reflejado en sus vinos. De esto es muy consciente Quim Fargas, de Celler Fargas Fargas, buen conocedor de la finca Cal Quico, en la población de Salelles, donde sus bisabuelos plantaron sus primeras viñas. De eso hace ya 150 años. De casta le viene al galgo, puesto que desde pequeño ha aprendido a mimar la viña con unas prácticas respetuosas con la identidad del terreno y de la propia planta sin necesidad de protocolos establecidos. Como bien comenta, “se trabaja a la manera tradicional”. Hasta finales de la década de los ochenta, únicamente se trabajaba en el cultivo de la vid, pero desde entonces se comenzó a elaborar y embotellar vino. Un 80% de la uva es tinta y el resto, blanca. Aunque pone mucho empeño en el rescate de las variedades autóctonas, Quim no solo no reniega de las viñas plantadas con variedades foráneas, sino que las admira. Piensa que se han adaptado al terreno y al clima debido a que en muchos casos cuentan con 30 años de edad, y ese es tiempo suficiente como para considerarlas de la familia. En su opinión, que los elaboradores de la zona estén unidos bajo el amparo de la D.O. es un activo que les facilita darse a conocer en un mundo tan sumamente globalizado y competitivo. Su distribución es principalmente comarcal y regional, con un sorprendente 15% destinado a Bélgica y Dinamarca.

El santo y seña del último proyecto que traemos a estas páginas es Macari Pujadó, una persona con un perfil inquieto y con una energía que es necesaria para llevar el nombre de la comarca y de su propia casa bien lejos. Vins Grau es una empresa familiar ubicada en Castellfollit del Boix (Maians). 25 hetáreas de viñedo y algunas aportaciones de viticultores de la zona son las responsables de que se continúe con un negocio que nació a finales del siglo XIX. El clima continental mediterráneo, la lluvia escasa, la presencia de accidentes montañosos, de bosques de pino y roble cercanos a los viñedos y sus suelos de diversos tipos hacen del Bages una experiencia única para los sentidos en forma de vino. Macari nos desvela el secreto para sacar lo mejor de la viña y expresar en una botella la identidad de la comarca. Consiste en tratar de forma personalizada cada viñedo, entenderlo y poner los cinco sentidos para que la expresión que encierra el racimo se traslade con honestidad a la copa. En sus viñas conviven multitud de variedades, tanto autóctonas como foráneas, se vinifican en acero inoxidable y la crianza se lleva a cabo en barricas de roble francés de primer y segundo año para expresar bien los aromas sin esconder el alma de la uva.

El Bages es como una esencia guardada en diminutos frascos. Es pequeña, pero con un gran potencial y valor enológico que no hace otra cosa más que enriquecer nuestro viñedo. Sin duda es hora de hacernos con uno de sus vinos y brindar por el arte y pasión que estas personas le ponen a su trabajo unidas por un único objetivo: emocionar con trocitos de la historia de su comarca embotellada.

 

Abadal
Abadal Picapoll 2014
Picapoll.
Delicado y expresivo con aromas de níspero, piel de cítricos y un punto vegetal que adelanta una frescura que, en boca, gobierna en un recorrido gustoso, con un punto de golosura que enamora y un final donde se imponen los recuerdos afrutados.

 

Celler el Molí
Cupatge 2010
30% Cabernet Sauvignon, 30% Merlot, 30% Tempranillo, 10% Cabernet Franc.
En nariz tiene identidad en aromas especiados, de fruta en licor y unos balsámicos que dan profundidad. La madera es respetuosa e integrada que solo aporta complejidad. Tanino delicado, sabroso en el recorrido y final fresco con una amable sensación de fruta negra (ciruelas).

 

Vins Grau
Gratvs Crianza 2009
Merlot, Ull de Llebre.
Intenso en aromas y muy expresivo. Fruta negra madura, balsámico y especiado. En boca es estructurado, tiene un tanino que se hace notar y un buen equilibrio. Mantiene la frescura y tras el paso quedan matices más complejos (hoja de tabaco, maderas antiguas).

 

Més que Paraules
Més que Paraules 2014
Sauvignon Blanc, Picapoll, Chardonnay.
La frutosidad (ciruela, manzana) queda adornada con un fondo herbáceo refinado en forma de notas de hierba fresca recién cortada. En boca se muestra vivo, con nervio y con unos recuerdos anisados interesantes.

Modificado por última vez en
Antonio Candelas

Coordinador de Catas de MiVino

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